CORAZÓN DE JESÚS.
Tal cual el sacerdote, lentamente,
el Pan y Vino eleva al consagrar,
así pretendo yo, inútilmente,
a Ti, mi Dios, mi alma levantar.
Encumbrar mi oración a tu presencia,
a todas horas en contemplación;
pero siempre, y por pura negligencia,
acaba todo en fiasco y decepción.
En tus manos poner mi corazón,
a sabiendas que el Tuyo lo entregaste
en el instante de la Redención ;
pero acaba que todo se va al traste.
Posa en él tu mirada redentora,
aunque sabes que es puro lodazal;
excremento de un alma pecadora,
guarida nauseabunda de un chacal.
Sé indulgente, Señor, y, con paciencia;
ve limpiando ese lodo sin razón,
que se asee por todas mi conciencia
y descanses en pulcra habitación.
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