“A QUIEN DIOS SE LA DÉ , SAN PEDRO SE LA BENDIGA ” (Refrán).
Los juanetes que llevo en los pinreles,
no me dejan andar por mucho trecho;
y, si de espalda y hombros contrahecho
no fuera, ¡Cual salido de pinceles!
Aparte de la esposa y seis lebreles,
que apenas si me dejan ver el lecho,
para piso pequeño y sueldo estrecho;
se sientan cada día a mis manteles:
Dos cuñadas, pasados los cuarenta
(y, por ello, zarinas del vocablo);
más mi madre “con paga que me alegra”.
Mas estas penas no tomara en cuenta,
si no tuviera igual al mismo diablo,
en la propia persona de mi suegra.
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